Querida Rebeca:
Sé que no hablamos hace mucho y que es tarde para pedirnos disculpas. Ya lo intentamos más de una vez pero temo que nos hicimos tanto daño que es difícil saber cuándo cerrarán esas heridas que abrimos siendo tan pequeños. Yo tenía 15 y tú 17 cuando todo esto empezó.
Con el tiempo he comenzado a valorar tu pasión, tu entrega, tu fuerza, tu capacidad de amar hasta que duela. Y sé que nada en el mundo ha sido tan determinante para mí como haberte conocido. Pero si algo aprendí contigo es que el amor es mucho más que dos fuegos, que dos corazones abiertos. Porque recién ahora entiendo que me amaste a tu horrible manera y que mi amor, en apariencia tan enano a tu sombra, amó tanto como el tuyo. Los nuestros fueron corazones silenciosos, incomunicados, compitiendo por ser el más grande, el más rojo, el más doliente. Tantas e interminables noches de angustia y llanto, mi querida Rebeca, me han ayudado a comprender cómo no debe ser el amor.
Sé qué no hay manera de compensar tantos errores pero aún así quisiera confesarte algo que sé te va a alegrar, Rebeca, donde quiera que estés: tú fuiste mi primera novia. Te mentí, Rebeca. No existió ninguna Lucía, ninguna Irina. Antes de ti sólo existían los besos de mi pubertad, los besos de Sara. Y está de más pedirte perdón por haberte mentido porque creo que entiendes bien el porqué, ¿no? Yo no sabía nada de la vida, Rebeca, y si tú tan sólo hubieses sabido que eras lo único que conocía de ella... no lo sé. Eras demasiado para mí, Rebeca. No te culpo. Pero a pesar de todo lo que dije, hiciste lo que quisiste conmigo. Yo sólo me defendí. Mal, también lo sé.
Me gustaría poder mirarte nuevamente a los ojos y encontrar en tus pupilas el adulto que supuestamente soy ahora. Y creo que recién ahí, podré sentir que crecí.
Pese a todo, siempre tuyo,
C.N.
EL MAL DE LA ÉPOCA
Hace 4 horas



3 comentarios:
Por alguna extraña razón, tenemos que regresar a los orígenes para explicar el motivo de lo reciente.
Yo también tuve una Rebeca pero no supe estar con ella. Y para redimirme, intenté amar a otra Rebeca. Hoy ninguna de las dos vive cerca de esta orbita.
No sé, simplemente pienso que no hay un como debe o no debe ser el amor. Es algo como la corriente de agua.
Asombrada :-O
Raulín: pues sí, creo que es necesario revisar nuestra educación sentimental para entender mejor lo que somos ahora. Pero discrepo contigo en algo: en el amor, y hasta en las corrientes de agua, algunas cosas son inaceptables.
Lara Holmes: Me gusta tu foto, genera curiosidad. Aunque no entendí tu asombro.
Publicar un comentario