Ayer me encontré con mi chica termo en el concierto de Bareto, en la discoteca Vocé. Ella estaba con un grupo de amigos y yo bailaba solo en medio de la gente, visiblemente borracho. En algún momento sentí que alguien golpeaba con insistencia mi hombro y al voltear descubrí, no sin cierta sorpresa, que era ella. Tenía puesta una de esas miradas suyas que son un abrazo entre tierno y cálido.
Me quedé con Sonia y su grupo el resto del concierto. Me contó que andaba triste pues hace unos días se encontró con su ex en una fiesta y él le contó que estaba viendo a otra persona. Pensé en contarle mi trágica historia con Ximena para no quedarme atrás pero el alcohol no me dejaba articular. Terminé soltándole una sarta de cumplidos y cursilerías propias de una novelita rosa, en un patético intento de animarla un poco. Al final de mi discurso me regaló una sonrisa, un gracias y beso en los labios.
En el taxi de regreso a su casa intentó explicarme por qué las cosas conmigo se habían dado como se dieron. Dijo no sentirse lista para comprometerse a nada y que no quiere hacerme daño. La más considerada. Se despidió con un abrazo y se perdió zigzagueante entre los arbustos del pasaje que conduce a su casa. Yo me quedé bajo la llovizna con un cigarrillo en la mano esperando. No sé bien qué.
chica termo Bareto Vocé
EL MAL DE LA ÉPOCA
Hace 4 horas



2 comentarios:
¿Esperando? Pues una respuesta coherente, o que al menos te de algo de valor...
¿Valor?
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