Ayer Andreíta me preguntó qué había hecho este sábado en la noche y, sin pensarlo mucho, le conté que había salido a tomar unos tragos con Laura y otros amigos de la universidad hasta las cuatro de la mañana. Todo parecía estar bien hasta ahí. Pero luego me preguntó quién había acompañado a Laura a su casa. Mi respuesta fue bastante directa: "Nadie. Laura se quedó a dormir en mi depa".
Sé que si Andreíta hubiese pensado que tenía algo qué reclamarme, me hubiese mandado a la mierda en ese mismo instante. Pero no lo hizo. Se contuvo y me preguntó cómo estaba Laura. "Espero que tengas claro que ella y yo sólo somos amigos", le dije igual. "Eso no significa nada", contestó.
No le faltaba razón. Andreíta y yo tenemos más de un año siendo "amigos". Y esta vez habíamos confiado ciegamente en que nadie saldría herido. Pero la situación comenzaba a irse de nuestras manos.
-Creo que es mejor que dejemos todo esto, C.N.
-Como tú prefieras -respondí-. Pero me gustaría que me digas qué es lo que realmente te molesta.
-Tú -agregó molesta.
No podía dejar de pensar en las advertencias que Tati y Lucho me habían lanzado en los últimos meses: "Andreíta se está enganchando contigo. Aléjate de ella, C.N.". Ahora sé que debí hacerles caso.
-Lo peor de todo es que me haces quedar como una estúpida frente a todos -me dijo Andreíta.
-Pero ¿por qué dices eso?
-Porque la gente no hace más que preguntarme si estamos saliendo de nuevo.
-Pero respóndeles lo que quieras -le dije-. Que no te importe.
-Es que no sé la respuesta -respondió escondiendo la mirada.
Supongo que ese era el punto al que quería llegar: de repente había dejado de tener en claro cuál era la situación entre nosotros. Me sentí culpable. Hace sólo unas semanas yo le había respondido que sólo éramos amigos, que la pasábamos bien juntos, que nos teníamos confianza, que estábamos solos, sin pareja. Pero esas respuestas ya no eran válidas. A veces las palabras no son suficientes.
Anoche Andreíta me sacó en cara los mimos que solía hacerle en público, las llamadas que nunca llegaron, mi incapacidad de enamorarme de ella. En fin, todo el tiempo perdido a mi lado. Estaba claro que ninguno de los dos había sido honesto en estos meses juntos: ella había elegido ignorar cada palabra mía, como aquellas con las que le conté de Sonia, mi chica termo, y yo había decidido -cobardemente- que un "no voy a enamorarme de ti, C.N." era suficiente para seguir adelante. Todo tenía que terminar mal.
Finalmente hemos decidido no vernos más. Es lo mejor, creo. Tenemos que asumir nuestra soledad sin depender del otro. Y dejar de lado situaciones que no vamos a poder manejar. Se acabaron las visitas nocturnas, las noches de pisco, los viajes cortos. Pero también esa frase que me duele tanto porque esconde mucho de verdad: "Estoy harta de que me hagas daño".
Sé que si Andreíta hubiese pensado que tenía algo qué reclamarme, me hubiese mandado a la mierda en ese mismo instante. Pero no lo hizo. Se contuvo y me preguntó cómo estaba Laura. "Espero que tengas claro que ella y yo sólo somos amigos", le dije igual. "Eso no significa nada", contestó.
No le faltaba razón. Andreíta y yo tenemos más de un año siendo "amigos". Y esta vez habíamos confiado ciegamente en que nadie saldría herido. Pero la situación comenzaba a irse de nuestras manos.
-Creo que es mejor que dejemos todo esto, C.N.
-Como tú prefieras -respondí-. Pero me gustaría que me digas qué es lo que realmente te molesta.
-Tú -agregó molesta.
No podía dejar de pensar en las advertencias que Tati y Lucho me habían lanzado en los últimos meses: "Andreíta se está enganchando contigo. Aléjate de ella, C.N.". Ahora sé que debí hacerles caso.
-Lo peor de todo es que me haces quedar como una estúpida frente a todos -me dijo Andreíta.
-Pero ¿por qué dices eso?
-Porque la gente no hace más que preguntarme si estamos saliendo de nuevo.
-Pero respóndeles lo que quieras -le dije-. Que no te importe.
-Es que no sé la respuesta -respondió escondiendo la mirada.
Supongo que ese era el punto al que quería llegar: de repente había dejado de tener en claro cuál era la situación entre nosotros. Me sentí culpable. Hace sólo unas semanas yo le había respondido que sólo éramos amigos, que la pasábamos bien juntos, que nos teníamos confianza, que estábamos solos, sin pareja. Pero esas respuestas ya no eran válidas. A veces las palabras no son suficientes.
Anoche Andreíta me sacó en cara los mimos que solía hacerle en público, las llamadas que nunca llegaron, mi incapacidad de enamorarme de ella. En fin, todo el tiempo perdido a mi lado. Estaba claro que ninguno de los dos había sido honesto en estos meses juntos: ella había elegido ignorar cada palabra mía, como aquellas con las que le conté de Sonia, mi chica termo, y yo había decidido -cobardemente- que un "no voy a enamorarme de ti, C.N." era suficiente para seguir adelante. Todo tenía que terminar mal.
Finalmente hemos decidido no vernos más. Es lo mejor, creo. Tenemos que asumir nuestra soledad sin depender del otro. Y dejar de lado situaciones que no vamos a poder manejar. Se acabaron las visitas nocturnas, las noches de pisco, los viajes cortos. Pero también esa frase que me duele tanto porque esconde mucho de verdad: "Estoy harta de que me hagas daño".



8 comentarios:
Pero también se lo buscaron un poquito.
Ambos eligieron mentir y bueno, a ninguno de los dos le tocó una buena mano.
igual, no deja de doler un poco.
Recién te leo...
Me gusta mucho tu blog....
La frase que te dijo Andreíta yo tb la he dicho ya l verdad es que duele igual para ambos lados, tanto para el que la dice como para el que la tiene que escuchar...
Frase que recuerdo haber usado mucho tiempo: "No juegues con fuego..."
Y una gran verdad es, los sex buddies no duran por mucho tiempo, alguien siempre termina mal parado cuando esto se prolonga...
Beso,
Gracias, Ms. M., me has alegrado la tarde.
A mí me gustaría saber si es verdad que los "sex buddies" no duran mucho. Si siempre uno sale mal parado (pero va a mentir hasta el final diciendo de que puede manejar la situación). Porque en ese caso hay una valoración moral que hacer antes de involucrarse con alguien.
Estoy cansado de hacer y de que me hagan daño.
Si pues a veces hay que decir YA BASTA!
bso!
El tema reside en ser sincero, es decir ambas partes....
Muchas veces uno igual entra a todo el tema de sex buddies con la cabeza en alto y haciéndose el fuerte, diciendo que es sexo y eso basta y que son patas y nada más...
Si una de ambas partes cambia algunas de las premisas del acuerdo pues tiene que avisar....
Y si uno sabe desde el comienzo que tiene algo de sentimientos distintos al de pura amistad es mejor no entrar en el juego, por más ganas que uno tenga, y si sospechas que el otro las puede tener por uno tampoco entra....
Porque la carne es débil, y uno siempre va a terminar cediendo...
Hasta que duele tanto que ya no puedes continuar....
Beso,
Estupendo comentario, M (¿puedo llamarte sólo M, no?). Estoy totalmente de acuerdo contigo, además.
Me da pánico entrar en tu blog, porque siempre me veo en ellas (sobretodo) y pfff... asi no se pueden cerrar heridas... :)
Un besote
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