27 de noviembre de 2009

Epidemia

Acabo de enterarme que una amiga con la que salí hace algún tiempo está embarazada. De un tipo que apenas si conoce.

En realidad, en menos de dos meses, tres chicas con las que he salido antes de conocer a Sofía han salido embarazadas. Todas de manera "intespestiva".

Es como si el destino estuviera pisándome los talones.

21 de noviembre de 2009

Piedra

-¿No eres absolutamente feliz en este momento? -me dice Sofía sentados al borde de un río en la selva amazónica.
-Soy absolutamente feliz, mi amor -respondo con cara de profesor Jirafales-. Aunque para serte honesto, los zancudos me arruinan un poco la postal.
-Quiero llevarme algo de recuerdo.
-¿Cómo qué? -pregunto preocupado.
-Como esta piedrita.
-¿Qué tiene de especial?
-Es linda, mira -me dice entusiasmada.

Sofía acerca su mano y me muestra una piedra de color verde.

-Mi amor, el verde de tu piedrita -le digo en tono aguafiestas- son hongos.

Sofía mira bien la piedra y termina lanzándola al río. Luego agrega: "Mejor vámonos de aquí". Yo la sigo contento. Y es que es difícil ser romántico cuando diez zancudos te andan picando el culo.

16 de noviembre de 2009

Snob

Hablando con una amiga sobre relaciones de pareja, le dije:

-Tienes que ver Annie Hall, es estupenda.

Entusiasmada, me respondió al instante: "¿Sabes si sigue en cartelera?".

No pude evitar escapar una sonrisa (pues es una película de 1977). Por supuesto, mi amiga lo tomó a mal y terminó acusándome de snob.

-¿Por qué tendría que saber de esa película? -me increpó.
-No tienes, es cierto -le di la razón.
-Es como si yo te preguntara si sabes qué tipo de música hace Zion.
-Ah, pero eso es fácil -le respondí con sorna-: música infame.

Mi amiga, desconcertada, entrecerró los ojos con desconfianza y me preguntó bajito: "Y ese género musical, ¿de qué va?".

Como bien dice Ribeyro, no hay que exigir en las personas más de una cualidad.

12 de noviembre de 2009

Farmacia de turno

-Hola, ¿en qué te atiendo? -me recibe un vendedor bastante amanerado en una farmacia cerca a mi oficina.
-Dame dos cajas de Durex Ultra Sensitivo.
-A ver -abre un cajón y saca los dos paquetes-. Hecho.
-Y una caja de Durex Tropical.
-Listo, ¿algo más? -me pregunta con una mirada cómplice.
-Ah, sí -recuerdo-. Diez migradorixinas.

El vendedor se sonríe y agrega genial: "Claro, para el dolor".

5 de noviembre de 2009

Cena soviética

Santiago de Chile, Providencia. Restaurante ruso Olivié.

-¿Puedo hacerle una pregunta? -me interrumpe un mozo mientras ceno un vareniky de papas.
-Sí, claro. Dígame.
-¿Armani?

Pongo cara de no entender nada (porque, claro, de Armani mi cara no tiene nada).

-Su perfume: ¿Acqua di Giò?
-Ah -respondo confundido-, creo que sí.
-Bueno -sonríe satisfecho-. Era eso.

Y sigue su camino.

Ya lo dijo el poeta ruso Fiódor Tiútchev: "Con la razón no se entiende a Rusia".