Amanece. Cae la niebla. Lima es una herida abierta cubierta de algodón. Tras la bruma húmera: torres, árboles, corredores. Cielo blanco cocina. Canto de tórtola orejuda. Nadie en cama.
Tic, tac, tic, tac. Selva urbana busca: colegialas, oficinistas sin saco, jaladores, vendedores ambulantes, viejas con ruleros. Cacería entre ríos de brea infestados de taxis de timón cambiado. Y en todos lados: bolsas de pan, portafolios, tacos.
En medio del caos, algo de poesía: agujitas de rocío, beso frío en las mejillas.
Ya ha llegado el otoño. ¿Cuándo llegará mi chica de los ojos de crayón?
Lo que nunca se debe repetir
Hace 21 horas


