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11 de febrero de 2009

Chico malo: Día 2

"Hola niño lindo. Mi querida amiga me dio tu número. ¿Qué planes para el fin de semana?", me escribió anoche la chica que conocí hace unas semanas en una discoteca. Decidí ignorarla.

-Uy, creo que te palteaste -escribió al rato provocándome.
-Vas a necesitar mucho más que eso -respondí finalmente.
-¿Y entonces por qué no me respondes?
-Porque estoy tocando guitarra con unos amigos.
-Qué interesante. Algún día me tocarás algo, me imagino.
-No lo dudes.
-Mmm, qué decidido.
-No: cansado de perder el tiempo. ¿Qué planes para hoy?

26 de enero de 2009

Cosas de niños

-¿Has venido solo, niño lindo?

El viernes desperté con un ligero dolor en la garganta. La noche anterior se me ocurrió ir al cumpleaños de un amigo en bicicleta y el frío de la madrugada me había jugado una mala pasada. Aquel día en la oficina no hice más que contar los minutos que faltaban para irme a casa, pero a las seis de la tarde una amiga propuso ir por unas cervezas y, sin pensarlo mucho, acepté. Tomamos seis cuzqueñas medianas entre cuatro personas. No eran ni las nueve de la noche cuando nos despedimos.

-No, he venido a buscar a Carla.

Llegué a casa con la intención de ver una película y acostarme temprano. Suficientes malas noches en una semana. Además, había quedado con unos amigos en ir a tomar desayuno al día siguiente. "Un buen duchazo, un vaso de whisky y a la cama", me dije.

-Vas a tener que pasar control de calidad, niño.

"Mierda", renegué. La botella de Chivas estaba vacía y no había otra cosa en casa. Ansioso, volví a cambiarme y tomé un taxi a un bar en Miraflores. La noche empezaba a perder sentido.

-¿Con todas o sólo contigo?

Terminando el tercer vaso, recibí un mensaje de mi amiga Carla. "Rescátame, por favor", decía. Unas amigas la tenían secuestrada en una discoteca y no sabía cómo escapar. "Paso por ti camino a mi casa", le respondí mientras pedía otra ronda y la cuenta.

-Conmigo, niño lindo. Un beso y te dejo tranquilo.

Encontré a Carla rodeada por tres amigas y varias cubetas de hielo con vodka. Eran casi las cuatro de la mañana y quedaban pocas parejas en la pista de baile. Una de sus amigas me abordó antes de que pudiera saludarla.

-Voy a tener que debértelo -respondí con una sonrisa tímida.
-No le hagas caso, C.N. -intervino Carla-. Todas estas idiotas están borrachas.
-Ya veo -asentí-. Bueno, me tomo algo y nos vamos.

No debí hacerlo. Al segundo vaso de vodka mi garganta comenzó a molestarme de nuevo. En cuestión de minutos mi voz se encogió hasta desaparecer. “Vámonos Carla”, carraspeé finalmente.

-Te salvaste, niño lindo -se despidió la amiga.

Llegué a mi casa casi a las ocho de la mañana del sábado. No tenía ganas de dormir ni de desayunar con mis amigos. Cogí mi celular y escribí a A:

-Ya estoy despierto, ¿quieres ir a tomar desayuno conmigo?
-No puedo, niño –me respondió llamándome como lo hace siempre-. Pero sigo con ganas de ver ese nuevo corte de cabello. ¿Tan niño se te ve?