23 de julio de 2009

Alienación

Hoy, como todos los días, el señor Conejo despertó a las siete. Maquinalmente cogió el despertador, aplazó la alarma hasta las siete y media, y volvió a dormirse. A esa hora cambiaría la alarma para las ocho.

A las ocho y diez, el señor Conejo despertó sobresaltado. Sabía que llegaría tarde al trabajo. Se duchó rápidamente, se vistió de negro y desayunó la primera migradorixina del día. El señor Conejo llegó a su oficina con veinte minutos de retraso.

Durante la mañana el señor Conejo redactó dos cartas, un memorando y tres correos electrónicos. También recibió una llamada telefónica de su banco para renovar su tarjeta de crédito.

Mientras revisaba sus estados de cuenta, el señor Conejo encontró un cuento que había escrito varios años atrás. Como sólo tenía tres páginas, decidió leerlo. Aunque en términos generales el señor Conejo se sintió satisfecho con el resultado, pensó que todavía necesitaba algunos cambios. Dobló el papel en cuatro y lo guardó sigilosamente en su agenda.

A la una y cinco, el señor Conejo salió a almorzar. Lo acompañó el practicante de la oficina que está al final del pasillo. Ambos ordenaron lo mismo: crema de espárragos, lomo saltado y arroz con leche. Si bien el señor Conejo gana doce veces más que el practicante, cada uno pagó su cuenta.

Ya por la tarde, el señor Conejo revisó los documentos relativos a la reunión que tenía programada para las cuatro. La mayoría eran cuadros estadísticos y proyecciones de gastos corrientes. El señor Conejo realizó varias anotaciones al margen y resaltó algunas cifras con un plumón amarillo.

La reunión duró una hora y catorce minutos. El señor Conejo habló poco y utilizó tres veces la palabra “contrapartida”. Todos quedaron conformes con sus observaciones. Se acordó que sea el señor Conejo quien reformule el proyecto mañana.

Levantada la reunión, el señor Conejo se excusó y se retiró de la oficina antes de su hora de salida. Tras varias vueltas por San Isidro, el señor Conejo entró a un café y se sentó al lado de la ventana. No ordenó nada.

A las siete, el señor Conejo tomó un taxi al parque Kennedy. Al bajar, compró una cajetilla de cigarrillos Lucky Strike y enrumbó hacia la sala Raúl Porras Barnechea. Sin embargo, no entró.

De regreso al parque, a la altura de José Gonzales, el señor Conejo sintió que el nudo de su corbata lo asfixiaba, que su terno le apretaba los hombros y que el sonido de sus zapatos lo ensordecía. Ante ello, el señor Conejo decidió cambiar de rumbo y apurar el paso.

El señor Conejo llegó a su casa a las ocho y seis. Tomó una migradorixina que le supo a tabaco y se sentó en el sillón crema de dos cuerpos que tiene ubicado frente a un cuadro de gran formato. En silencio, el señor Conejo examinó su rostro y arrancó cuatro vellos de su barba y dos de su bigote. Luego se deslizó hacia la radio y la encendió. “Waldo Jeffers had reached his limit”, recitó John Cale mientras el señor Conejo se recostaba en el piso cerrando los ojos.

A la medianoche, el señor Conejo despertó convencido de que todo había sido un mal sueño. En el sueño, él vivía una vida que no era la suya. Sin embargo, pronto el señor Conejo se descubriría en saco y corbata.

10 comentarios:

Cys dijo...

Me pregunto si a alguien la adultez le agarra convertido exactamente en lo que pensó cuando era más chico.

Ivonne dijo...

No sé porqué me ha hecho recordar al comercial de Interbank... con fondo musical incluido.

=)

p.d.: si le pones comentario a Bocadelcielo, serás el comentario 21. Y él volverá a postear. pleaseeee

jejeje.. ok ok , no me hagas caso.

p.d.2: el sr conejo tiene buena dentadura?

AAC. dijo...

ptm el señor conejo me despierta a las 6.40

sathya dijo...

pas-tel.

Fiore dijo...

ummm el señor conejo creo que no está tan feliz con su vida actual no?

bsos de esposa primeriza y Recién casada

Alessa dijo...

Hey vives en josé gonzáles ? , jaja yo vivo en la 7 de Porta, bueno... cuando estoy en Lima, porque es el depa de mi mamá, pero alli me quedo cuando voy y pase casi toda mi vida allí, en fin,

Saludos,

El Chico Nube dijo...

No, vivo un poco más allá, Alessa. Igual estamos relativamente cerca.

Heriditas dijo...

por momentos me siento como el señor conejo...

Angel dijo...

creo haber entendido la metafora

un saludo cn

Blackberry dijo...

Simplemente GENIAL.
El señor Conejo me ha recordado a los hombre grises de Momo (de michael Ende), ¿lo has leido?
Creo q te gustaría.
;*)