Detrás de la ciudad, el Océano Pacífico. Detrás de los edificios, el mar. El cielo está despejado hoy. Se acerca el verano. Arriba, la Cruz de Chorrillos se impone sobre el malecón como un faro que guía a los navegantes hasta la entrada de un puerto inexistente. Debajo, el agua arrulla su luz y la devuelve al cielo en ofrenda. Es un espectáculo hermoso y triste a la vez. Habría que buscar una botella donde esconderse y lanzarse al mar.
Cae el amanecer. Baja de los árboles antes que de las montañas. Trina. El malecón, sin embargo, continúa desierto. Sólo el mar, los pájaros y yo. Saco de mi bolsillo un papel arrugado y lo estiro contra mi cuerpo. Querida Sofía. Tiemblo. No quise hacerte daño. Y en mi ojos, neblina. Y lluvia sobre mis zapatos.
Despierta, Lima durmiente. Despierta.


