Mostrando las entradas con la etiqueta bipolar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta bipolar. Mostrar todas las entradas

27 de febrero de 2009

Cuchara de palo

Mis zapatos están brillantes. Los acaba de limpiar un chico que tenía las zapatillas llenas de barro.

Parece ser cierto: en casa de herrero, cuchara de palo. Que lo diga mi padre, que es psicólogo.

[Hace unos minutos decía: "en casa de herrero, cuchillo de palo". Como el Chapulín Colorado, nunca recuerdo bien cómo van los refranes. Gracias, Ninfa]

1 de febrero de 2009

Taller de competencias personales

-¿Cómo te definirías en una palabra? -me pregunta el facilitador del curso.
-Eeehhhh...
-Sólo una palabra -insiste.
-Bueno, quizá...
-Anímate C.N. -me apura.
-¿Reflexivo?
-Estupendo. Tú, Jorge, ¿cómo...
-Aunque... -lo interrumpo.
-Dime, C.N.
-...creo que tendría pensarlo un poco más.

Debí responder "bipolar".

3 de diciembre de 2008

Mi querida terapista

El día que conocí a mi terapista tuve la corazonada de que nuestra relación no llegaría a buen puerto: Susan usaba un cuaderno de Hello Kitty y un lapicero con cargas de distintos colores.

Ir a verla no fue idea mía sino de mi familia. Me había desmoronado frente a todos y lo menos que podía hacer por ellos era tranquilizarlos yendo a psicoterapia.

-No te preocupes, C.N.-me dijo Susan durante la primera sesión-, lo tuyo parece ser un caso de depresión leve.

Me pidió que llenara unos cuestionarios y que volviera en una semana para comenzar la terapia. La sesiones de todo el mes, por cierto, debían pagarse por adelantado. "¿Por si me suicido antes?", pensé.

A la semana siguiente me recibió muy seria: necesitaba medicación con urgencia. Yo mismo tenía que buscarme un psiquiatra. Eso sí, la psicoterapia la daba ella. "Y que mejor sean dos veces por semana", agregó.

Fui a verla cada martes y jueves durante casi ocho meses. Fue un desgaste innecesario para ambos. Susan no lograba determinar cuál era mi problema y yo no podía seguir entre lo que me decía el psiquiatra y lo que [no] me decía ella. Por lo demás, nos pasábamos la hora discutiendo.

Un jueves, una hora antes de mi sesión, me llamó para decirme que se iba de viaje por un tiempo y que me devolvería mi dinero. Lo recogí esa misma noche. Me lo entregó su portero.

Yo pensé que si algo le había quedado claro de nuestras sesiones, es que tengo problemas con el abandono.

1 de diciembre de 2008

Ataque de ansiedad

"Con el doctor Gonzales, por favor". "Sí, sí, psiquiatría". Espero unos minutos.

-¿Con quién hablo? -contesta una voz apática.
-Doctor Gonzales, soy C.N.
-...
-Estuve en su consultorio el lunes. No sé si me recuerda -evidentemente no-. Me duplicó la dosis de Rivotril.
-Ah, claro, C.N. -finge acordarse-. ¿Te duplicamos la dosis, verdad?
-Sí, ahora son 2 mg de Rivotril con 30 mg de Remeron por la noche y 1 mg de Rivotril al mediodía -le recito-. Pero creo que la del mediodía no me está haciendo mayor efecto.
-¿Y cuánto de Rivotril tomas por las mañanas?
-Nada -respondo avergonzado.
-¿Y clonazepán?
-1 mg mañana, tarde y noche, doctor.
-Pues entonces sube el clonazepán del almuerzo a 1.5 mg -sentencia matemáticamente- y a ver cómo vamos hasta el lunes.
-¿Eso es todo?
-Sí, con eso debe bastar.
-Estupendo, doctor -le respondo con sorna-. Nos vemos el lunes, entonces.

Así transcurrieron mis días durante más de dos años. Entre médicos, pastillas y ataques de ansiedad. Cuando me di cuenta de que jamás me darían de alta, abandoné el tratamiento. Recuperé mi depresión, mis manías, mi insomnio, mi rebeldía y mis fracasos. Y, sobre todo, mi libertad.

Ps.- Ya salieron los resultados de la votación.

28 de noviembre de 2008

Sincera confesión

Señor Juez:

Soy egocéntrico, depresivo, manipulador, introvertido, ansioso, sarcástico, débil, contradictorio, posero, tímido, obsesivo, pesimista, cínico y bipolar. En suma, un imbécil.

Pero júzgueme usted.

C.N.