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14 de julio de 2009

Conversación occidental

12:28 AM Sandra: hola… cómo estás?
me: bien, ¿tú qué tal?
12:29 AM Sandra: bien, igual... qué hiciste hoy?
me: temprano salí a dar una vuelta por el malecón
12:30 AM almorcé en casa de mis papás
luego fui al CCPUCP a ver una película de John Cassavetes
y ahora ando pegado de un disco que compré ayer
12:31 AM Sandra: buen día hoy, entonces
me: supongo
aunque es casi mi rutina de los domingos
12:32 AM Sandra: ah, bueno
y qué disco escuchas?
12:33 AM me: el Amor Amarillo de Cerati
12:34 AM Sandra: qué paja
me: sí, buen dato, gracias. Ayer fui a buscar un disco de Neil Young y salí con ese
12:35 AM Sandra: qué bien!
me:
12:36 AM Sandra: qué occidentales tus días!

Me mató. A ver si alguien me ayuda con la traducción: ¿qué carajo es un día occidental?

12 de julio de 2009

Domingo, 4:00 a.m.

Escribo esto con demasiadas cervezas encima. Con sueño. Con pena.

Hoy fui a la fiesta de Sandra. Me saludó, me abrazó, me sonrió. Estaba más linda que nunca. La amiga que llevé me dijo: "me parece súper chévere, súper atenta". Y, sí, lo fue. Lo es. Pero no estaba sola. Estaba con él. Y a las dos de la mañana los vi acercarse, los vi cogerse la mano, los vi besarse. Y también: me vi encogerme, me vi sonreír nerviosamente, me vi intentar -en vano- mantener la compostura.

Lo sé, me dijo que salía con alguien más. Pero, igual, qué difícil es perder. Hasta para un perdedor como yo.

6 de julio de 2009

Viento en proa

El viernes por la noche, cuando me aprestaba a ir al encuentro de Sandra, recibo el siguiente mensaje de texto: "Lo siento, no voy a poder salir. Algo urgente. Tal vez mañana. Si puedes, avisas". Creo que ni Tarzán hubiese sido más telegráfico. Como diría mi madre, me dejaron vestido y alborotado.

A pesar de todo, el sábado, luego de darle muchas vueltas al asunto, decidí intentarlo de nuevo. Esfuerzo inútil pues ni siquiera se dignó contestar su teléfono. Una vez más me sentí el pobre idiota que soy.

Recién anoche Sandra volvió a dar señales de vida:

"Hey, sorry por no responder. He estado metida en mil cosas desde el jueves. ¡Me desconecto terriblemente! Espero que hayas pasado un fin mostro y que te hayas divertido en tu concierto. En fin, ojalá te animes a pasar por la fiesta pro fondos de la otra semana".

Algo me dice que con esta chica no hago más que perder mi tiempo.

2 de julio de 2009

Peligro de incendio

Despacio, dibujo el contorno de tu rostro con un dedo que, travieso, de un brinco se desliza por tu nariz hasta tu boca. Lo besas y lo dejas caer por tu mentón para recorrer tu cuello en una curva cerrada y peligrosa que termina en el borde de tu blusa. Dudo. Pero tú tiras mi mano hacia abajo y, cual niño explorador, hundo mi dedo en tu ropa interior.

Por debajo de la mesa tus piernas se estiran rodeándome. Mis manos recorren lentamente tus pantorrillas, tus piernas, tus muslos. Tú te inclinas hacia mí y aprietas tu nariz contra la mía, retándola. El verde, tu verde, lo invade todo. Puedo sentirte respirar. Una viborilla juguetona escapa de tu boca felina y recorre mis labios sin dejarse atrapar. Luego te alejas y sonríes con esos ojos de Medusa triunfante frente a los cuales, lo sé, no tengo oportunidad.

23 de junio de 2009

Pisando tierra

-¿Cómo te fue con la chica con la que ibas a salir el sábado? -me pregunta Laura.
-Bien, pero no le veo mucho futuro al asunto -respondo-. Sigue saliendo con su ex novio.
-Mira, cualquier cosa es mejor a verte solo o dándole vueltas a tus ex.
-Es que temo que llevo todas las de perder -le explico-, es del tipo de chica del que me podría enamorar.
-Uhmmm, pues sí, complicado.
-Supongo que habrá que entrarle con pies de plomo.
-Amigo, a estas alturas -me dice con tonito aleccionador- a TODO hay que entrarle con pies de plomo.
-Qué esperanzadores son tus consejos.
-¡Realistas! -se queja.
-En fin, una vez más tendré que conformarme con ser el personaje secundario de la historia de otro.
-Qué se le hace -concluye-, nos tocó salir en las letritas finales de las películas.

Parece que hay gentes que nacieron para ser protagonistas y otras que nacieron para ser dobles en escenas de cama.

22 de junio de 2009

Apostando a perdedor

El sábado salí con Sandra. Nos encontramos en un café de Miraflores alrededor de las seis de la tarde. Llevaba el cabello desordenado, una bufanda azul y unos ojos color verde aceituna.

En lugar de café, pedimos cerveza. Mientras conversábamos, nervioso, no hacía más que pensar que tenía al frente a una mujer inteligente, divertida y, sobre todo, bastante loca. “Todo lo que alguien necesita para hacerme perder la cabeza”, me dije.

Después de la tercera ronda, decidimos caminar un poco. Las calles lucían vacías. A la primera curva, comenzamos a besarnos. Parecíamos dos pervertidos, mordiéndonos, tocándonos, buscándonos en la oscuridad, al margen de todo, muertos de risa y de ganas. Pero su celular nos detuvo.

-Lo siento, tengo que irme -me dijo.
-Era tu novio, ¿no? -pregunté.

Sandra bajó la mirada y guardó silencio por un instante. “Es un asunto complicado, C.N.”, musitó finalmente. Supongo que era el momento indicado para decir adiós, para dejar en claro mis pocas ganas de ser el personaje secundario de otra historia. Pero no dije nada. La dejé tomar un respiro y lanzarme una mirada firme y verde.

“Nos vemos en la semana”, se despidió dándome un último beso. Luego caminó apurada hacia el Ovalo de Miraflores donde seguramente la esperaba su novio. Inmóvil, la vi alejarse hasta perderse entre la multitud. Luego metí las manos en mis bolsillos y caminé en dirección contraria.

12 de junio de 2009

Cuando gano, pierdo

-Estoy tomándome un trago con Sandra, ¿te apuntas? -me escribió Ximena el viernes.

Días antes le había confesado que me gustaba su amiga y, en menos de una semana, me daba la oportunidad de conocerla. Un gestazo de su parte, sin duda. Después de todo -me dije- algo hemos madurado; hace algunos años hubiese sido impensable que Ximena, mi ex, estuviese dispuesta a presentarme a una chica. Pero ahora...

Les di el encuentro en el Dragón, cerca de la medianoche. Ximena me saludó con una sonrisa cómplice. Sandra parecía estar sobre aviso por su forma tan coqueta de hablar conmigo. Era como si ambas estuvieran tomándome el pelo.

-¿Juegas? -me dijo Sandra rozando sus labios con los míos mientras bailábamos.
-Seguro -respondí decidido.

Y así pasamos la noche: jugando en la pista de baile.

-No puedo creerlo, C.N.-me reclamaría Ximena al día siguiente-. Esperaba más de ti.
-¿Qué es lo que no puedes creer?
-Que estuvieras tras mi amiga en mi cara.
-¡Pero pensé que esa era la idea!
-Eres un idiota.

Corríjanme si hice algo mal porque no logro entender cuál fue mi error. He llegado a la conclusión de que, con Ximena, siempre me toca perder.