3 de agosto de 2008

El estribillo dominical

La frase favorita de mi viejo en los almuerzos dominicales es: "hijo, ¿cómo va lo del postgrado?"

Por supuesto, hacer un postgrado no es para mí ni un objetivo lejano por el momento. El día que Ximena me dejó se llevó demasiados sueños entre las cajas de cosas que sacó de mi casa; entre ellos, los estudios en el extranjero. En la actualidad no podría sobrevivir ni a un curso de seis meses en Lima.

La verdad es que en algún punto de mi relación con Ximena empecé a sentir cierto apuro por sacarme de encima a la "soñada" maestría fuera del país. Sobre todo en los momentos en que ella empezó a considerar estudiarla acá. Temía perderla si no me iba pronto [y regresaba más pronto aún]. Al final, como saben, las cosas no fueron muy distintas con o sin maestría. Pero ahora, sin novia a la vista, empiezo a entender que el hecho de no tener una relación me ha empujado a despreocuparme demasiado de mi futuro.

Lo peor es que, a la vez, me aterra hacer planes para mí solo: temo conocer a alguien y no tener dónde hacerle un espacio en mi vida.

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