27 de abril de 2009

Comunicado

Se informa a los miembros de la comunidad nubetora que, por razones de fuerza mayor, durante los próximos días el autor de este blog renunciará a la búsqueda de un mínimo de creatividad, ingenio o humor negro en sus post.

Los trabajos continuarán hasta el sábado 2 de mayo, fecha en que la súbita y curvilínea alegría que viene afectando su proceso creativo parte de viaje.

Se agradece la comprensión y se pide disculpas por las molestias causadas.

El administrador.

24 de abril de 2009

Alumbrones

Un amigo me contaba que en Cuba los cortes de energía eléctrica son tan frecuentes que los cubanos dicen que en su país no hay apagones sino alumbrones.

Ayer caí en la cuenta de que en mi vida pasa algo muy similar: las alegrías son tan excepcionales que debería comenzar a decirles alumbrones.

Ya lo dijo Luis Hernández, “hay gentes que nacieron para la luz del día y hay otras que nacieron para un vago fulgor”.

21 de abril de 2009

Última salida

-¿Quieres ir a tomar algo? -me escribió mi ex el jueves.
-Siempre -bromeé.

Realmente me sorprendió su mensaje. No veía a Ximena desde el día del chifa y, de un tiempo a esta parte, se había encargado de hacerme saber que estaba molesta conmigo. Pero ahora me proponía encontrarnos en Miraflores a las nueve. Todo era muy extraño.

Llegó puntual, como nunca, y de buen humor. “No sabes las ganas de tomar que tengo”, fue lo primero que dijo. Propuse ir por unos pisco sours a un bar de Cantuarias y aceptó.

En toda la noche no habló de su novio salvo para decir que no la había llamado en dos días. La conversación se concentró en nosotros: en nuestra amistad, en lo que nos pasó. La noté sorprendida de mi actitud -distendida y socarrona- frente a las viejas historias. Ya no era ese chico que hablaba desde la herida, sino uno que no hacía más que reírse de ella.

Al cuarto pisco sour me di cuenta de que estábamos a un paso de cometer un error. Reconocí sus maneras, sus miradas, sus palabras. No había pasado tanto tiempo, sabía lo que vendría después. Pero una necesidad desconocida se apoderó de mí. Y, paralizado, me dejé llevar.

Supongo que algunos necesitamos volver al pasado una última vez para poder dejarlo definitivamente atrás.

20 de abril de 2009

Estimado Hitch:

Contra todo pronóstico, conocí a alguien el viernes. Una canadiense que recién regresa a su país la segunda semana de mayo.

Llamó mi atención desde un inicio: figura atlética, look "arty", cabello lacio y negro, y unos ojos preciosos. Me pareció tan guapa que cobardemente decidí esconderme en el otro extremo de la fiesta en la que estábamos. Mi pesimismo se había impuesto una vez más.

Sin embargo, lucía aburrida. Desde mi rincón podía ver cómo los chicos desfilaban por su lado obligándola a cambiar constantemente de grupo. Yo, por el contrario, aunque sin quitarle la vista de encima, andaba de lo más divertido con una pareja de amigos.

En algún momento terminamos en el mismo grupo. Cuando la tuve cerca no pude evitar sonreírle nerviosamente.

-¿Cuánto tiempo llevas en Lima? -le pregunté.
-Casi seis meses -me sorprendió-. Este mes acaba mi pasantía.
-Pues es una pena que recién te conozca -le dije. Ella asintió.

Dos personas más se acercaron y nos quedamos en silencio mirándonos fijamente. Al rato, estallamos en risas. Era evidente que teníamos ganas de seguir hablando.

-Deberías apuntar mi número -me dijo finalmente.

Uno de los tipos que estuvo tras de ella toda la noche se ofreció a llevarla a casa antes de que yo atinara a ofrecerme. Nos despedimos con la firme promesa de juntarnos esta semana.

Sé que no he sido un buen alumno, Hitch. Suelo ignorar tus consejos y hacer exactamente lo opuesto a lo que me recomiendas en cada oportunidad. Lo que pasó el jueves con Ximena es el mejor ejemplo. Y siempre echo todo a perder. Pero esta vez te prometo seguir al pie de la letra todas tus indicaciones. Aún no sé dónde llevarla ni cuándo llamarla. En realidad no sé nada de nada. Salvo que no quiero perder la oportunidad de salir con esta chica.

Un abrazo,

C.N.

17 de abril de 2009

Menudo enemigo

Recuerdo pocas cosas de mi primera infancia: el puré de la abuela, un oso de peluche que me regaló mi madre, un viejo auto a pedales y unos LP de Menudo que estaban en el primer cajón de la mesa del teléfono de mi casa.

Yo odiaba a los Menudo, mis hermanas los idolatraban. Era una pesadilla: en pocos meses me habían cambiado por un grupo de adolescentes afeminados que parecían haberse apoderado de la radio, de la televisión y hasta de las paredes de mi casa.

-Esos Menudos son unos cojudos -les dije un día mientras veían un especial televisivo.
-Pero son más lindos que tú -respondió la menor sacándome la lengua.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Con sólo cuatro años estaba decidido a terminar con la Menudomanía del planeta. Cortaría la luz. Sí. Un apagón general sería suficiente para sacarlos de la televisión. Lo malo es que se me ocurrió hacerlo al pie de la letra.

“Voy a cortar a esos cojudos”, grité. Fui al escritorio, cogí unas tijeras y me dirigí al tomacorriente. Al primer contacto hubo una gran explosión que me hizo caer de espaldas. Felizmente todo no pasó de un gran susto: el cortocircuito había provocado un corte de luz que terminó salvándome la vida.

Conservé esas tijeras durante años. No todos los días David le gana a Goliat.

16 de abril de 2009

Extra

El Comercio informa: nace una niña engendrada con semen congelado durante 22 años. Su padre decidió congelar su esperma cuando tenía 16 años.

Eso es lo que yo llamaría un polvazo.

15 de abril de 2009

Milk

-¿Vamos a ver Milk? -le pregunto a una amiga.
-¿No ibas a invitar a tus papás?
-Sí, pero me arrepentí -le cuento apenado.
-¿Qué pasó?
-Es que luego de la cara que pusieron al ver mi nuevo corte de cabello -confieso-, van a pensar que estoy tratando de decirles algo.

7 de abril de 2009

Demencia

Mi abuelo ya no es ese hombre rudo y seco que pellizcaba mi brazo cuando me sorprendía jugando con las botellas de Cienfuegos que escondía bajo su cama, o a aquel otro que pasaba las tardes de domingo en su sillón, desafecto, oyendo las carreras de caballos en una radio portátil. Ahora mi abuelo es un hombrecito de plastelina -torpe, esquelético, jorobado- que regala curiosos saludos con su sombrero como si fuera un poste de luz. “Buenos días, Don Julio”, le digo. Pero mi abuelo permanece inmóvil e impasible en su saludo hasta que el recuerdo se desvanece.

Otras veces lo encuentro dando vueltas por la casa buscando una puerta sin cerrojo por donde escapar. Durante años se dedicó a detener personas y hoy es un prisionero de su familia y de sus fantasmas. A veces, cuando logra abrir la puerta, lo detengo y puedo adivinar en sus ojos unas ganas enormes de meterme un pellizco. Sólo que sus manos de papel maché ya no lo dejan.

Leía en estos días que un pueblo sin memoria es un pueblo sin identidad. Lo mismo sucede con los hombres: mi abuelo dejó de ser un hombre recio y tosco con aliento de caña para convertirse en un poste de luz.

3 de abril de 2009

Sin tetas no hay paraiso

Una amiga colombiana me cuenta que la última vez que estuvo en Lima un taxista le dijo: "señorita, usted habla igualito que en las novelas".

-Lindo, ¿no? -me dice.
-Mmm... -me sonrío.
-¿Qué pasa?
-Es que dados tus atributos -le explico-, debe haber recordado una novela en particular.

29 de marzo de 2009

Sábado negro

Regreso al departamento a las tres de la mañana, cansado y con media botella de ron encima. Intento, a oscuras, entrar a mi cuarto. Una pared se interpone. Saldo: hombre al suelo y un moretón en la frente.

...

Aventura culinaria en Gambas. Ordeno una causa, un arroz negro y un capitán. El coctel salva el almuerzo. Un amigo tiene menos suerte: "No tenemos chicha, éste es un restaurante gourmet", le dice un estirado mozo. Huachafos.

...

Recibo la Hora del Planeta con dolor de cabeza y vómitos. Ataque de migraña y apagón de rigor. Desperté en una camilla con un catéter en mi mano izquierda. Recién a medianoche me atreví a dejar la clínica. Y es que con esta suerte, nunca se sabe.

26 de marzo de 2009

Notas de enfermería

24 - 03 - 09

Mañana. Paciente adulto, apático, nubetor. Desorientado en tiempo, espacio y lugar. Médico de turno recetó ubicaína. Farmacia del hospital informó que medicamento está agotado desde el 14 de febrero. Madre del paciente se comprometió a adquirir genérico en balneario de moda.

Tarde. Paciente refiere tener náuseas. Culpó a un tal Jean-Paul Sartre. No se identificó ningún paciente con dicho nombre en el servicio. Serumista indicó que se trataría de un trastorno psicótico inducido por el consumo de literatura existencialista (sic). Se le administraron Condoritos.

Noche. Paciente se muestra erotizado. Sufrió una erección durante la aplicación del inyectable. Se solicitó al almacén el envío de preservativos para prevenir nuevos embarazos indeseados entre el personal de salud. Pene quedó en observación.

24 de marzo de 2009

Lunes de tos

Lunes: fiebre, migraña, malestar generalizado. Tos, tos, tos. Merecido final de estampas de luces intermitentes, persianas, sábanas blancas, humedad y cervezas.

La tarde avanza lenta como el otoño y, en la cima del dolor, me descubro profundamente inútil para entretenerme a mí mismo. Te extraño y no sé quién eres ni cuándo llegarás. Y el silencio hace más ruido que la televisión. Pero más: tos, tos, tos.

Por la ventana se ve el mar: opaco, verdinegro, soterrado. Mar limeño que esconde: que encubre // que retira a alguien o algo a lugar o sitio secreto // que incluye y contiene en sí algo que no es manifiesto a todos. Yo también escondo: agua salada de mis ojos.

19 de marzo de 2009

Los hombres son de Marte

-¿Qué pasó anoche? –me pregunta un amigo-. Te estuvimos llamando.
-Fui a la casa de P -murmuro avergonzado.
-¿De nuevo?
-… -me encojo de hombros.
-Pucha, compadre, te vas a meter en un lío. Corta eso antes de que el asunto se complique –me aconseja.
-Sí, lo sé.
-Piensa en el pobre tipo, piensa en ella, piensa en ti. Tú no eres esa clase de persona –me dice mirándome a los ojos-. Sé que no estás en un buen momento pero no pierdas la brújula.
-Tienes toda la razón.
-Míralo de este modo: con tantas mujeres en el mundo, ¿por qué meterse con esa? Puedes salir con cualquier otra chica -me anima-, ni que fueras un hongo.
-Gracias por tus consejos, compadre, en serio. Voy a tratar de hacer las cosas bien.
-Es lo mejor; por el bien de todos.

Asiento con la cabeza, sorprendido y orgulloso de mi amigo.

-Bueno, ahora sí, cuéntame -me dice.
-...
-¿Polvazo?

Hay hombres que nunca dejan de ser hombres.

18 de marzo de 2009

Cumbia

Hoy miércoles, hoy miércoles: Bareto y La Mente en el Sargento Pimienta. El que no va, multa.

Discúlpenme, hoy ando con ganas de cumbiar el mundo.

17 de marzo de 2009

Hard trick

-Apúrate, mi amiga te quiere conocer -dijo Cecilia antes de cortar.

Yo ya estaba a sólo unas cuadras de la discoteca, en Larco. Encontré a Cecilia bailando con una chica al lado de la barra. “Ella es Karen”, me la presentó guiñándome un ojo. La amiga era alta, callada y algo torpe. Y parecía interesada en cada cosa que yo dijera. Plancha quemada.

Otra chica se unió al grupo. Se llamaba Rocío y tenía una mirada coqueta. A la media hora, Cecilia nos sorprendería besándonos bajo la escalera que conducía a la pista de baile.

-Huevón, te traje para que te agarres a Karen -me dijo Cecilia sacándome a bailar.
-Pero tu amiga Karen no me gusta -protesté.
-¿Y por eso tenías que agarrarte a la cojuda esa?
-¿Y por qué no? -le dije riéndome.
-¿Sabes que?
-No, dime -le reté acercándome.
-Bésame, carajo.

Cecilia me jaló hacia ella intentando darme un beso pero logré contenerla.

-Mujer, ¿estás loca?
-O sea, a esa huevona sí la besas y a mí no.
-Puta madre, estás loca -concluí dejándola sola en la pista de baile.

Karen parecía interesada en mí. Cecilia quería vengar a la amiga besándome públicamente. Rocío aceptó irse de la discoteca conmigo.

Ahora que lo pienso, que tres chicas quieran algo conmigo en una misma noche es una posibilidad tan remota que, aunque hayan pasado casi cuatro años, merecía un post. Yo también sé ganar.

15 de marzo de 2009

Currículo

Mi primer amor tenía ocho años, la falda larga y los ojos chinos. Y sólo supo de mí un nombre en una lista.

Mi segundo amor vivía frente al parque, en una casa amarilla. Sólo nos dimos un beso.

Mi tercer amor me rompió el corazón demasiadas veces.

Mi cuarto amor me cambió por todos los chicos del mundo.

Mi quinto amor fue también el séptimo. Me dejó hace casi tres años.

Mi sexto amor sale con un chico de 23 años. Ella tiene 28.

Como los milagros, el amor parece ser patrimonio de tiempos pasados y remotos.

12 de marzo de 2009

El chico optimista

-¿Siempre tiendes tu cama antes de ir al trabajo? -me pregunta una amiga-, qué flojera.
-Supongo que muy en el fondo soy un optimista -respondo.
-... -se encoje de hombros intrigada.
-Es que si aún tiendo mi cama -le explico- es porque no he perdido las esperanzas de regresar a casa del brazo de alguna chica.

9 de marzo de 2009

Primera estación

Verano temperamental: húmero, barranquino, meón. Veranillo desafinado, inquieto y burlón.

También: verano de víctimas ausentes y mares verdinegros.

Verano adúltero, verano traidor.

5 de marzo de 2009

El escarabajo mandarín

El primer auto de mi papá fue un Volkswagen escarabajo de segunda, color rojo mandarín, que compró a inicios de los ochenta.

Guardo buenos recuerdos de ese auto: nuestros viajes cortos a Mala para comprar leche y fruta; los paseos al Parque de las Leyendas de los sábados; los desayunos en Lurín con toda la familia, con café y pan con chicharrón. Y mi padre repitiendo en cada trayecto: “Qué fiel es este carrito”. Y sí, pues, para qué comprarse un auto nuevo si su carrito era económico, ocupaba poco espacio y, en caso de avería, bastaba un empujón para ponerlo en marcha.

Pero ya lo dijo el cantante, nada dura para siempre. Un domingo de misa el auto desapareció. Se lo robaron de la puerta de la iglesia y a plena luz del día. Lo buscamos sin éxito durante semanas como quien busca una mascota extraviada. Al año, resignado, mi papá compró su segundo auto.

Casi diez años después, mi papá me despertaría con una gran noticia: “Acabo de encontrar mi Volkswagen”. Estaba sin motor en un taller de autos de Evitamiento, abandonado al lado de otros escarabajos.

-¿Seguro que es tu auto, papá? –pregunté.
-¿Crees que no reconocería mi propio auto? –sentenció.

El dueño del taller, un ex policía, nos pidió un peritaje para determinar que fuera el mismo vehículo. Mi papá replicó que sólo quería darle una buena mirada por dentro. “Te dije que éste era mi carrito”, me dijo sonriente como un niño desde el asiento del piloto. Y eso fue todo. Nos fuimos de ahí contentos, sin reclamos ni amenazas, en el cuarto auto de mi papá.

Hace un año compré un libro titulado “POLIS, visiones y versiones de Lima a inicios del siglo 21”, de Ediciones La Moderna. Curiosamente, entre sus fotografías hay una del escarabajo rojo de mi papá, estacionado en el mismo lugar donde lo dejamos. A parecer, el carrito fiel sigue esperando por él.

3 de marzo de 2009

El tamaño no importa

-¿Qué pasó con tu auto? -pregunto a un amigo al verlo llegar en taxi.
-Lo acabo de dejar en el taller -responde.
-¿Diagnóstico?
-Se le salió un tornillo al motor.

No importa el tamaño de la pieza, sino su funcionalidad.