Cuando conocí a A, yo era sólo uno niño de ocho años al que no le interesaban las niñas. Y no le presté mayor atención. Recién años después nos hicimos amigos. Buenos amigos. Pero perdimos contacto.
El día que volvimos a vernos, la invité a salir. Ambos ya estábamos en la universidad. Era lindo amanecer en su cocina besándonos en silencio. Sólo que acababan de romperme el corazón. Y volvimos a separarnos.
Dos años después A me llamó para invitarme a su boda. De regalo le compré un horrible juego de vajilla. Ximena, mi ex, me acompañó a la fiesta.
Luego A tuvo un hijo y, al poco tiempo, se separó de su esposo. Yo también me quedé solo. Para aquel entonces ya éramos amigos entrañables. Y cada uno siguió su camino.
Ahora yo vivo solo y ella aún en casa de sus padres, con su hijo y su ex esposo. Aunque lo de "ex" es relativo pues nunca terminó el proceso de divorcio y comparten el mismo techo.
Hace unos meses salimos a tomar un café. Y hemos seguido viéndonos hasta este fin de semana en que, después de besarnos, me dijo que lo nuestro era una relación imposible dadas las circunstancias. Cuando me lo dijo recordé a Richard Gere diciéndole a Julia Roberts: "My special gift is impossible relationships".


