30 de octubre de 2008

Ese otro dedo meñique

¡Riiinnnnggggg!

-¿Aló? -dice Antonina.
-Hola chiquilla -responde una voz nasal.
-...
-Antonina, ¿ya te olvidaste de mí?
-¡Maricucha! -reacciona Antonina-. Pensé que seguías por las Europas.
-Regresé hace un mes, chiquilla. Te estuve llamando pero tu nieta me dijo que estabas de viaje.
-Sí, hermana. Me fui a México a ver a mi Lupita*.
-Ay, qué lindo -suspira Maricucha-. ¿Y cómo se portó contigo?
-Divina -dice Antonina persignándose-. Me puse a llorar como una niña al verla. Ya luego te doy tu medallita.
-Gracias, chiquilla. Tú siempre tan cristiana. Y dime, ¿qué tal el D.F.?
-Inmenso hermana. Tengo los pies hinchados de tanto caminar.
-Agua con sal, chiquilla -aconseja Maricucha-. Pero sígueme contando: ¿qué más conociste?
-La casa de Frida Holler. No sabes lo bella que puede ser...
-...
-Ay, hermana -se queja Antonina de su amiga-. La del Diego Rivera, pues.

[Menos mal que a Frida Kahlo la incineraron porque se habría revolcado en su tumba]

*Virgen de Guadalupe o Nuestra Señora de Guadalupe. Nota de los verificadores de datos.

29 de octubre de 2008

XXX

Mi primera cita con Ximena fue al cine. Ambos habíamos leído buenas críticas de una película francesa llamada "Baise-moi" (o "Fóllame"), así que quedamos en ir juntos a verla.

Ya en el cine, encontramos una gran cantidad de parejas mayores. Todos han leído la misma crítica, pensé. Luego, la chica de la boletería preguntó si yo era mayor de edad y Ximena soltó una carcajada. Yo sonreí avergonzado, asintiendo. Pero no le dimos mayor importancia.

La película comenzó con una violación. La escena era terrible, crudísima. Aunque me sentí asqueado saludé la audacia del director: intentaba mostrarnos desde los genitales, desde la penetración en sí, la dureza de un abuso sexual. En la sala se respiraba un silencio tenso.

Fui un iluso. Bastó que trascurrieran unos minutos más para darme cuenta que la cinta tenía más de película porno que de ensayo de género como decían los diarios. Todas las escenas eran de sexo explícito. Hardcore. Igual a muchas cintas que había visto en casa, sin volumen, durante mi adolescencia. Pero esta vez había algo distinto, me sentía empequeñecido: nada más terrorífico que un pene erecto en formato cinematográfico.

A la media hora la sala estaba prácticamente vacía. Las mujeres, que eran las primeras en salir, lo hacían ofuscadas. Los hombres iban detrás, avergonzados tanto de haberlas invitado a ver esa película como de irse a la mitad. A mi lado Ximena permanecía inmóvil y en silencio. No había tocado el pop corn que compramos antes de entrar. Parecía afectada por la película. Perturbada. Yo no sabía si odiar a Sebastián Pimentel o a Andrés Cotler (hasta hoy se me hacen intercambiables).

La película terminó y caminamos en silencio hacia el exterior. Recién ahí me atreví a decir algo.

-¿Has visto Taxi Driver? -pregunté.
-Sí -balbuceó.
-Pues me fue mejor que a Robert De Niro.
-Sí -sonrió al fin-. Al menos yo me quedé contigo hasta el final.

27 de octubre de 2008

Los niños de hoy en día

Este domingo me aparecí en casa con una bolsa de dinosaurios de plástico, muy parecidos a los que yo tuve de niño. La semana anterior mi sobrino me había dicho: "cómpame dinolaulios, tío". Y ahora que se los había comprado saltaba entusiasmado y yo con unas ganas terribles de saltar con él.

Después del almuerzo fui a su habitación y lo encontré jugando. Había colocado una cabaña de "little people" en el centro y varios autos a su lado. Los dinosaurios los tenían rodeados.

No pude con la tentación y me tiré al piso a jugar con él.

-Ahhhrrrggg -dije mientras hacía rodar uno de los autos con la cola de un tiranosaurio.
-¡Nooooo! -gritó mi sobrino, quitándome el muñeco.
-¿Qué pasa, Gonzalo?
-Él es "dinolaulio-papá" -me dijo molesto acomodando nuevamente sus autos.
-... -me encogí de hombros.
-Y ella es "dinolaulio-mamá" -agregó enseñándome un dinosaurio amarillo-. 'Tan compando comida en Wong pada "dinolaulio-bebé".

Y siguió jugando a la casita sin mí.

Los niños de hoy en día.

24 de octubre de 2008

Mi niña mala

"Travesuras de la niña mala" es una de las mejores noveles que he leído en los últimos meses. Desde el principio me identifiqué con Ricardito, me enamoré de la protagonista y, sobre todo, pensé mucho en Katia, una chica con la que salí hace más de 7 años. Mi niña mala.

A la niña mala la conocí en mi cama, un martes. Había pasado toda la mañana en la universidad y al llegar a casa la encontré durmiendo en mi habitación. Estaba descalza y vestía unos jeans a la cadera y una camiseta blanca sin mangas. En su cintura se concentraba todo dorado de la tarde.

Despertó al verme entrar y se estiró ronroneante sobre el cubrecama.

-Hola… –le dije.
-Hola –respondió muy tranquila, como si yo fuera el intruso en la habitación.
-¿Tú eres…?
-Katia. ¿Y tú? –repreguntó acariciando sus rulos.
-Ehhh… Chico Nube…-balbuceé.
-¿Cómo estás Chico? –me dijo con una sonrisa coqueta.

La niña mala resultó ser la hija de una amiga de mi mamá que había ido ese día a visitarla. Mi mamá le dijo que podía subir a mi cuarto a ver televisión pero ella prefirió echarse a descansar en mi cama. Tenía sólo 17 años y acababa de ingresar a la universidad. Conversamos toda la tarde hasta que su mamá le dijo que era hora de partir. En ese momento recogió sus sandalias y avanzó descalza hacia las escaleras sin despedirse. Antes de bajar se detuvo y dijo que me llamaría a la mañana siguiente, lo cual cumplió.

Salimos casi cinco meses hasta que me dejó por un chico de su edad que conoció en sus clases de inglés. Recuerdo que era invierno. Cuando me confesó que salía con otra persona lo hizo como quien da cuenta de que primero va la cebolla, después los ajos y, finalmente, el tomate. No asomaba ningún tipo de emoción en su relato, sólo una interminable lista de hechos y detalles que bien pudo haberse ahorrado. Luego de romperme el corazón, desapareció.

Volví a ver a la niña mala años después en una discoteca. Lucía el cabello rubio y lacio. Ya no estaba con aquel chico y salía con uno mayor que yo. Al final de la noche nos besamos. Y lo hicimos muchas veces más a medida que nos íbamos topando casualmente por la ciudad. Siempre salía con un tipo distinto, los cambiaba casi tanto como Ricardito de ciudad. Cada vez lucía más sofisticada, más liberal y menos interesada en mantener una relación. El día menos pensado se fue a vivir a Madrid.

Hace unas horas se conectó al chat. Su nick era "niña mala".

21 de octubre de 2008

Spam

Sólo en esta mañana me han llegado siete correos spam con los siguientes asuntos:

- Satisfy your obsession with size.
- Ancient secret of pleasing woman 10 times a day has been discovered.
- Boost your sexual power.
- Penis extender.
- Recharge your love gun.
- Don't runaway from your male problems.
- Male's grow supplement.

Pero el que me llegó anoche se lleva las palmas: "Update your penis", decía. No sabía que podías tenerlo desactualizado.

Me gustaría saber cuál de mis ex es la que me anda haciendo mala publicidad.

20 de octubre de 2008

Brecha digital

-¿No vas a comer, C.N.? -me pregunta Antonina.
-Sí, sólo que voy a comer en el escritorio -respondo-. Quiero aprovechar para trabajar un poco.
-¿En la computadora? -me dice preocupada.
-Sí, ¿por qué? No me digas que se malogró de nuevo -empiezo a renegar.
-No, la computadora está bien. Pero me preocupa que comas mientras la usas...
-... -
-... no le vaya a entrar un virus.
[Cualquier parecido con la mujer que me trajo al mundo es pura coincidencia]

14 de octubre de 2008

Chateando con la chata

El Chico Nube dice:
Chata, ¿puedo hacerte una pregunta?
La chata dice:
Claro... ¿sobre qué?
El Chico Nube dice:
Sobre qué marca de condones prefieres
La chata dice:
what?
El Chico Nube dice:
quiero saber si las chicas tienen preferencia por alguna marca en especial. Es que una amiga dice que prefiere evitar algunas
La chata dice:
Mmm... a mí me da igual creo... no me gustan en general
El Chico Nube dice:
Entonces, ¿te es indiferente si usan Durex, Piel o Gents?
La chata dice:
siempre he usado Durex, creo
El Chico Nube dice:
¿en serio?
La chata dice:
A ver... no recuerdo bien, la última vez fue hace tiempo... Y NO TE CUIDASTE, HUEVÓN!!!

10 de octubre de 2008

Cusco cosmopolita

Discutía con unos amigos el alcance del término "cosmopolita". Se supone que una persona cosmopolita es aquella que considera todos los lugares del mundo como patria suya. Es decir, un ciudadano del mundo.

En eso vino a mi mente la siguiente escena en una discoteca cusqueña:

-Te presento a Christian -me dice Sisi, una guapa limeña que conocí en San Blas-. Es uno de mis mejores amigos en Cusco.
-Hola, mucho gusto -le digo mientras amago un saludo con la cerveza que llevo en la mano.
-C.N. tenía que regresar hoy a Lima pero ha decidido quedarse todo el fin de semana -agrega Sisi.
-A mí me pasó lo mismo, ¿sabes? -me dice Christian-. ¡Y ya llevo seis años!
-¿En serio?
-Sí, claro. Yo vine con un contrato por una semana y nunca más regresé -me dice entre risas.
-¿Y a qué te dedicas? -le pregunto.
-Soy drag queen en el Fallen Angel -responde sin inmutarse-. ¿Y tu?

Recuerdo que aquella noche conversando con "Barbie" pensé: Cusco es una ciudad cosmopolita. Parece que no le chunté.

6 de octubre de 2008

No pasa nada

-Si deambulas a estas horas y por estos lugares, es porque algo estás buscando -dice Lady Kaos en la obra de Jorge Castro que vi anoche en el CCPUCP.
Me pregunto si yo también busco. Si detrás de esa aparente autosuficiencia para ir solo a un bar a escuchar música y tomarme unos tragos, no se esconde una búsqueda inconsciente de algo que aún no sé bien qué es ni dónde encontrarlo.
"No pasa nada" describe esos momentos de nuestras vidas en los que buscamos sin saberlo. Ese deambular en el que caemos cuando alguna puerta se cierra para dar paso a un intermedio compuesto de fragmentos inconexos, de retazos de nosotros mismos, de escenas sin sentido en las que pareciera que no pasa nada. Pero todo está pasando. Así ha sido mi vida en los últimos dos años: una montaña rusa de experiencias y emociones de la que todavía no logro tomar distancia para darle sentido. Y temo, como Rodrigo en la obra, que esta puesta en escena corre el riesgo de prolongarse indefinidamente debido a la falta de propósitos del personaje principal.
Algo se pudre en Dinamarca.

3 de octubre de 2008

Warning

Hace 7 meses y 22 días conocí a mi chica termo en un bar: objects in the rear view mirror may appear closer than they are.

29 de septiembre de 2008

Curitas para el alma

VIERNES [noche]

Se cancelan las "Noches Mutantes". Problemas técnicos con el local. Mutar: cambiar, evolucionar, alterar tu estado. Justo la fiesta que necesitaba.

SÁBADO [mañana]

-Concéntrate en tu tercer ojo- me dice el profesor mientras golpea con su índice el punto medio entre mis cejas.

Pienso en Woody Allen, en mis pastillas para dormir, en el Ojo de Thundera, en Homero Simpson encerrado en una cabina de relajación. Me cuesta llevar el ritmo de la clase; no sé nada de chakras ni de asanas. Todos los demás parecen jodidamente concentrados. Lo intento nuevamente: aparece el jueves, Sonia, El Dragón... Felizmente una campanita me indica que es momento de abrir los ojos.

SÁBADO [noche]

Recorro los jardines de la Casa Túpac sin rumbo. No sé por qué he venido. No tengo dinero y casi no me detengo en los puestos de ropa, que son la mayoría. Unos chicos simulan con la boca el sonido de una caja de ritmos y me detengo a verlos. Me doy cuenta de que estoy parado en el medio del ingreso a la feria. Pienso: si Sonia apareciera, no tendría oportunidad de evitarla. Y hullo.

Avanzo hasta un puesto de prendedores. Los hay de todas las formas: bocas, conejos, bananas, gatos, caracoles. Busco, sin suerte, alguna imagen triste.

DOMINGO [tarde]

Despierto al mediodía. Me siento cansado, me he acostado casi a las seis de la mañana. Igual me ducho y parto a la casa de mis papás. El menú dominguero en casa es el mismo del día anterior: lentejas y croquetas de atún. El arroz también es recalentado. Almuerzo sin ganas y luego me hundo en el sillón de la sala a leer El Comercio, en silencio.

Antes de emprender mi regreso el perro rompe una maceta. Mi sobrino de tres años corre tras él, molesto, y le suelta un "cradajo". Todos reimos. Luego se me acerca y me dice bajito: -¿Ya te sientes mejo', tío? ¿ya no 'tas tiste?-. Y me abraza. No sé qué decirle. Yo también lo abrazo fuerte y me entran ganas de llorar.

25 de septiembre de 2008

Cerca de la revolución

Me quedé dormido, he llegado a mi oficina casi a las 10 de la mañana. Felizmente Lima es una lágrima y ante cualquier retraso uno puede excusarse con un simple: "Lo siento, el tráfico está imposible". Es la coartada perfecta. Mi jefe, como supuse, ni se inmutó.

No recuerdo una Lima tan intransitable. Ni en las peores épocas del terrorismo. Como si no bastaran las improvisadas obras de Sedapal, el cierre del carril central de la Vía Expresa, los semáforos malogrados, las combis asesinas, los mototaxis que nunca frenan en los cruces, los peatones suicidas, las rejas, los huecos y los rompemuelles, nuestras autoridades han decidido reparar todas las calles al mismo tiempo. Cierres que se ejecutan todos los días y que pueden durar varios meses. El caos vehicular generado es de tal magnitud que dudo que esta ciudad siga siendo la misma una vez concluidos los trabajos. Y es que el limeño promedio, tímido y pusilánime por excelencia, empieza a despertar -por fin- sus peores demonios. El caos comienza a internalizarse.

Ayer vi a un tipo voltear a la izquierda en una avenida principal, donde estaba prohibido, en la cara de una mujer policía. Ella se hizo la desentendida y siguió conversando por su RPM [por cierto, ¿a quién se le ocurrió la genial idea de darles celulares? ¿pensaron que iban a coordinar el tráfico en lugar de comentar la novela?]. Más adelante, en la Vía Expresa, el conductor de mi taxi decidió evitarse la cola de autos y se metió al carril central que aún no se estrena. Cuatro taxis más lo siguieron. Me contó que ahora siempre se mete en contra cuando ve congestión vehícular porque la policía nunca lo detiene. Y si lo multa, pues no paga. Un amigo me contó algo parecido: lo detuvieron el sábado por manejar en contra y él argumentó que pensó que se trataba de un desvío. El policía lo dejó ir. La mejor hasta ahora: "Baja paradero prohibido", que escuché gritar al cobrador de una combi en la que viajaba hace un par de días.

Debo confesar que las bocinas de los autos han dejado de molestarme. Han hecho surgir el anarquista que llevo dentro. Cuando las oigo, recuerdo a Charly.

11 de septiembre de 2008

Te pareces a...

-Vos sabés que te parecés mucho a alguien famoso, ¿no? -me dice una argentina que conocí hace poco.
-¿En serio?
-Pero es que te lo tienen que haber dicho antes.
-... bueno, sí, algo me han dicho...-admito balbuceando.
-¿Sí? -interviene otra amiga-. Es que yo soy muy mala para estas cosas. ¿A quién se supone que te pareces?
-Al cantante de Bacilos -digo bajando la voz y avergozado.
-¿A quién? -me responden ambas en coro.
-¿No te referías a él?
-Pero si ni siquiera lo conozco -dice la argentina entre risas.
-¿A Gastón Acurio, entonces? -me lanzo tratando de adivinar.
-Ja, ja, ja. Noooo... ¡Al Che Guevara!

Por más que me miro al espejo no me encuentro nada del guerrillero, la verdad. A lo mejor me lo dijo por la barba. Parafraseando un chiste de Quino: yo sólo quería parecerme a mí.

8 de septiembre de 2008

Primeras lecciones

Mi primer beso lo recibí a los 13 años jugando a la botella borracha, en la azotea de la casa de una amiga.

La botella borracha era el pasatiempo preferido de mi barrio en aquellos días de apagones, formadores y acné. En poco tiempo había desplazado al mata-gente, al bata, al kiwi, y a los demás juegos de infancia. El castigo más recurrente, por supuesto, eran los besos. Así que, técnicamente, había besado a casi todas las chicas del barrio antes de aquella tarde en la azotea de Valeria. A pesar de ello, cuando Bruno sentenció que Sara debía darme un beso mi corazón comenzó a latir tan fuerte que podría decirse que sabía mejor que nadie lo que significaría para mí ese castigo.

Sara se levantó y se arrodilló a mi lado con una sonrisa dulce y tímida. La imité en silencio colocándome frente a ella con las manos en mis rodillas. Temblaba. Sus ojos grandes y negros siempre me habían puesto nervioso. Sara se inclinó lentamente hacia mí y empujó sus labios contra los míos. Sentí la humedad de su aliento. Sentí una culebrilla traviesa explorar mi boca grácilmente intentando dominarla por completo. Era la sensación más hermosa del mundo. Su lengua y la mía ejecutaban a la perfección una danza desconocida, ajena a todo aquello que nos rodeaba en ese momento. La felicidad -recién lo entendía- podía beberse de los labios de una mujer.

-¡Oigan! ¡Estos dos se están besando de verdad! -gritó Bruno arruinándonos el momento. Lo odié con todas mis fuerzas.

Sara se levantó y volvió a su sitio. Al rato dijo que tenía que regresar a su casa y se fue.

La volví a ver unos días después en casa de Valeria. Esa tarde también jugamos a la botella borracha pero los besos de verdad esta vez no fueron para mí. Fueron para un chico piurano que se mudó a mi calle un par de años antes. La vi besarse con él como quien ve a otro ocupar su lugar. Y por primera vez en mi vida fui infeliz.

La tristeza también se escondía en los labios de una mujer.

3 de septiembre de 2008

La linfómana aguada

-Tengo un grave problema... creo que sufro de linfomanía aguada -me escribió muy temprano Andreíta.

Qué diablos es "linfomanía", pensé. Y, además, aguada. Googleé la palabra pero no hallé nada. Tampoco la encontré en la página de la Real Academia Española. Temí que podría tener algo que ver con su sistema linfático, de ahí lo de aguada. Además, por algún lado leí que el linfoma es un tipo de cáncer que se inicia en el tejido linfático [sic].

-Pucha, ¿no sería mejor que vieras a un médico? -respondí preocupado.
-Tú estás loco, ¿no? Sólo necesito tu colaboración, querido.
-Un médico para que te diagnostique el línfoma -insistí.
-¿Quieres que un médico constate que soy una ninfómana? ¿no te lo demostré anoche? ;-)

Recién ahí entendí el mensaje. Me sentí tan avergonzado que empecé a reirme como un loco en la oficina. "¡Una ninfómana aguada!", pensé, y festejé la ocurrencia. La noche anterior habíamos tomado tanto ron (del bueno) que no habría mejor forma de calificar nuestro encuentro: aguado. Aunque nuevamente una errata me estaba jugando una mala pasada:

-Perdón, quise decir AGUDA. Porque de aguada no tengo nada desde que voy al gimnasio, jajaja -me explicó-. Pero insisto, lo de ayer me ha dejado toda alterada, por decirlo de alguna manera...
-Pues si necesitas "desalterarte" más seguido sólo tienes que decirlo, mujer. Porque la mala noche a mí me ha sentado muy bien.
-Creí haberlo dicho ya, chico. Te relajaste tanto que hasta lento estás -me mató-. Nos vemos pronto... chau.

Hay veces en las que parezco nuevo, carajo.

2 de septiembre de 2008

Tres al hilo

i) Un amigo de la oficina me contaba durante el almuerzo que más tarde iba a salir con una chica que conoció en su diplomado. Ella no sabe que está casado y su esposa no sabe nada de esta salida. -Con suerte llego tarde al trabajo mañana- me dijo, buscando una sonrisa cómplice en mí.

ii) Ayer por la tarde me tomé un café con una amiga de la universidad que trabaja a unas pocas cuadras de mi oficina. Me contó que frente a la suya han abierto un hostal bastante económico, por decir lo menos. La semana pasada fue dos veces con un compañero de trabajo aprovechando la hora de almuerzo. -No me queda otra -me comentó- es la única hora en que puedo tirar con él sin llamar la atención de mi gordo.

iii) Un tercer amigo me confesó anoche que engaña a su novia de tres años con una chica que acaba de conocer en una discoteca hace dos semanas. Él sí le contó que se casa en enero. -Lo mejor en estas cosas es ser sincero- sentenció.

Tres historias en menos de dos días. Y de gente como cualquiera. Lo peor es que ya ni me sorprende. Sólo me queda una inquietud: si tantas personas engañan a sus parejas "exitosamente", ¿no es iluso que la gran mayoría de personas crea que sus novios y novias les son fieles?

26 de agosto de 2008

Sin ganas de postear

Estoy solo
Pero siempre estoy solo
Porque el Desierto
No admite compañía
Si sobre él anduves

[Luis Hernández]

25 de agosto de 2008

Ex-dependiente

Ayer almorcé con mi ex. Me llamó temprano para pedirme que por favor la ayude con un proyecto que tenía que presentar hoy a primera hora. En retribución su mamá me prepararía un riquísimo chupe de camarones. Así que, a pesar de los justificados reclamos de mi familia (a la que sólo veo los domingos), terminé pasando el día en casa de Ximena.

Es curiosa la relación de dependencia emocional que tengo con mis ex. No puedo alejarme de ellas por mucho tiempo y me es casi imposible guardarles una pizca de rencor a pesar los culebrones que he tenido que atravesar con más de una. Creo que abrir completamente el corazón a alguien supone un esfuerzo tan grande para mí que ya nunca lo puedo volver a cerrar. Debe ser por eso que las quiero y las extraño tanto. Y ellas también lo hacen (aunque temo encontrar cierta condescendencia en algunas de ellas por la forma en que me dejaron).

Parte de la conversación del almuerzo fue Sonia. Ximena me preguntó si estaba saliendo con alguien y no encontré ninguna razón para decirle que no, como otras veces. Me sentí bien de no tener nada qué ocultar y creo que ella se sintió agradecida de que no me presentara tan hermético como lo he sido desde que terminamos. De alguna forma esta conversación saldó muchas de las dudas que manteníamos sobre poder llevar a buen puerto una amistad (más allá de las buenas intenciones). Además, es la primera vez en casi dos años que no me siento disminuido a su lado debido a todo lo que pasó.

Me tranquiliza notar que, así las cosas con Sonia no se den como yo quisiera (pues aún es demasiado pronto para saberlo y el pesimismo es mi bandera), el solo hecho de andar tan excitado con la situación me está ayudando a resolver parte de los conflictos internos que venía arrastrando desde mi última rúptura.

19 de agosto de 2008

La ex de mi mejor amigo

Acabo de recibir un mensaje de la ex de mi mejor amigo en el que me propone salir a tomar algo esta noche. Y le he respondido que no.

No se crean que soy un gran tipo porque no lo soy. Hace sólo unos meses tuve una reacción muy distinta ante una propuesta idéntica. Aquella vez acepté salir con ella y terminamos en mi cama haciendo lo que se supone uno no debe hacer con la ex de su mejor amigo. Y la verdad es que la pasamos muy bien.

Pero esa misma noche, mientras hacíamos un descanso, mi celular comenzó a sonar insistentemente. Sí, era mi amigo, el ex de la chica que tenía desnuda a mi lado. Entré en pánico, no sabía qué hacer. Daba vueltas y vueltas alrededor del aparato sin atinar a levantarlo. Ella, divertidísima con la situación, me impelía a contestar para no levantar sospechas (pues le había comentado que íbamos a hacer algo juntos aunque, definitivamente, no "eso"). Yo, por supuesto, me sentía en medio de una gran joda para Tinelli.

Al final, tocado de nervios, no contesté y, prácticamente, inventé una excusa para salir corriendo del departamento. Ella, por supuesto, me mandó justificadamente al diablo y desapareció por un par de semanas. Cuando nos volvimos a ver, ambos parecíamos haber quedado curados del susto. Eso sí, como era de suponer, ella le contó todo a su mejor amiga, ésta a la suya (que nunca es la misma), y así, sucesivamente, hasta que la historia llegó a los oídos de mi pata. Él, felizmente, tomó todo deportivamente.

Me pregunto si realmente le gusto a esa chica. Es guapa, divertida, abierta. Lo malo es que estoy demasiado agotado para averiguarlo.

Nadie sabe para quién trabaja

Conocí a "R" en una discoteca hace unos seis años. Estudiaba diseño con mi amiga Ceci, que me la presentó esa noche. Hicimos "click" en el acto: a la media hora mi amiga nos sorprendía besándonos detrás de la escalera que conducía a la pista de baile. Ceci, lindísima, me hizo tal escena de celos que sirvió de excusa perfecta para sacar a "R" de la disco. Sin embargo, una vez afuera el viento y cuatro subversivos tequilas desbarataron todos mis planes: debí conformarme con sujetar el cabello de "R" mientras ella devolvía parte de su almuerzo sobre un arbusto.

Nos vimos unas cuantas veces más sin mejores resultados. Siempre pasaba algo que arruinaba el momento, como aquella vez que su mamá entró a su casa mientras nosotros nos desvestíamos en el mueble de la sala. Por qué nunca recurrimos a un hostal? no lo recuerdo; supongo que ninguno podía pagarlo. Pero sí que la pasamos súper bien ese par de meses en que fuimos casi amantes.

Ahora "R" está casada y tiene dos hijos pequeños, de uno y tres años. Anoche, después de mucho tiempo, me la encontré en el chat y hemos estado recordando buena parte de esto. Reconstruimos con lujo de detalles cada uno de los frustrados encuentros que tuvimos y, también, nos confesamos esos pequeños detalles que nos excitaban tanto del otro en el pasado.

De pronto, en el clímax de la conversación, "R" me pide que le dé la dirección de mi casa para ir a buscarme. Pero mi respuesta ya no encontró destinatario: se había desconectado.

A la media hora recibí un mensaje de texto: "¡Gracias! Acabo de tirarme a mi esposito".