No suelo poner la radio. La odio. Desde Raúl Vargas hasta Carlos Galdos y su mañana maldita. Pero no man is an island y, como reza la publicidad, la radio está más cerca de la gente. Así que, ni modo, se me impone como banda sonora de cada viaje en taxi, combi o colectivo que realizo por Lima [el ipod, en estos casos, sirve de poco: el volumen suele ser tan alto que competir es una tarea inútil].
Hace unos días, de regreso a mi casa, escuché por primera vez uno de los programas más bizarros del dial: "El show de Jeta Jeta y los Bravo-pedidos" [sic]. La "gracia" del programa está en atender pedidos musicales de los oyentes con la voz de la parodia que hacen de Julio César Uribe en "El especial del humor". El humor, como entenderán, es involuntario. Porque es difícil divertirse con un tipo que repite en cada llamada: "métete con blanco, métete con cholo, métete con chino... pero no te metas con negro sin chamba". Bueno es culantro pero no tanto.
Por lo demás, algunas llamadas son desconcertantes:
-Habla, blanquiñoso -contestó el bravo Jeta Jeta.
-Hola Jeta Jeta -respondió una voz menuda.
-Déjame adivinar, blaquiñosa: ¿tienes 15 añitos?
-Tengo 10 añitos, Jeta Jeta -dijo diforzadamente la niña.
-Bueno, blanquiñosa, ¿cuál es tu bravo-pedido?
-Quisiera escuchar "Amanecí contigo" de Hildemaro -pidió la niña.
Y le dedicó la canción a su mamá y a su papá, como en un concurso de Nubeluz.
Lo peor es que nadie pareció soprenderse con el dislate. Por eso nunca enciendo la radio.